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Adolescencia Tardía

  • Writer: Elizabeth Narváez
    Elizabeth Narváez
  • Dec 8, 2020
  • 4 min read

Las etapas que no se queman a su tiempo regresan intactas a pasarte factura sin importarles un coño que ya tengas más de 30 y lo último que quieras es actuar como una mocosa de 16


Desde hace unos años vienen pasando una cantidad de cosas extrañas en mi vida. Una de ellas, quizás la más constante, tiene que ver con la maternidad de mis amigas. Mi mejor amiga fue la última en darme lo que yo llamo una puñalada trapera al sumarse a la lista de las mamás milenials que andan rondando por mi vida. Bien por ellas, pero nada que ver conmigo.


En una conversación que tuve con mi amiga recién parida, ambas comentábamos que nos seguíamos sintiendo como adolescentes, ella con su muchacho y yo con 31 años encima ya. Lo más divertido de esto es que preguntándoles a otras amigas de la misma edad, también coincidieron con el sentimiento. ¿Qué te da definitivamente el título de adulta? Si lo averiguan, por favor me avisan, pero les cuento que la maternidad no es.


Cuando empecé mis maravillosas sesiones de terapia, el tema que toqué casi de inmediato fue el de las responsabilidades que vienen con la edad, pero parte de esto consistía en dar una miradita al pasado donde descubrí que mientras mis amigos habían pasado la adolescencia entre enamoramientos y decepciones, la mía transcurrió entre libros y telenovelas. Esto era algo de lo que siempre me había ufanado primero porque no sufría por nadie y segundo porque eso de leer siempre me lo habían aplaudido. Pero estaba dejando de lado algo muy importante.


Triste e irónicamente no todo en la vida se aprende de libros o telenovelas y aunque yo creía que mi adolescencia había sido bien completa, el comportamiento que adopté durante mi primera relación con una mujer, me hizo reflexionar sobre lo que me dijo el terapeuta en una de esas sesiones: quizás estás quemando una etapa que no quemaste antes.


Hombre no es gente


Mi tardía adolescencia llegó a los 26 cuando me enamoré por primera vez y lo primero que se me viene a la mente escribiendo esto es que el que escupe para arriba… y es que citando a un personaje de una telenovela, yo siempre había dicho que ‘‘hombre no es gente’’, pero resulta que las mujeres tampoco son una maravilla, en el sentido romántico de la expresión.


Para mí fue un gran descubrimiento experimentar que se tienen los mismos problemas como pareja en una relación heterosexual que en una con alguien del mismo sexo, porque sigues siendo tú, con tus inseguridades y comportamientos aprendidos que si no identificaste y trabajaste antes, pues van a aparecer de nuevo hasta que los soluciones. Pasa en esta vida y en las siguientes.


Descubrí que desarrollaba una dependencia emocional medio insana con mis parejas, que buscaba un tipo de afecto que no había recibido antes y que no me comunicaba bien, qué irónico para una periodista, ¿no? Pero también descubrí que me estaba comportando como una adolescente con casi 30 años encima y eso particularmente me molestaba porque siempre me las había dado de muy madura… desde adolescente… si ven a dónde voy, ¿no?



Por mucho que quisiera “controlarme” para no parecer una niña inmadura en medio de toda esa situación, pues igual por algún lado brotaba, entonces empezaban las discusiones conmigo misma porque estaba proyectando algo que odiaba completamente de mí misma. Pista muchachitas: si la persona con la que están les hace caer en guerra constante con ustedes mismas, pues por ahí no es.



Yo pensaba que mi adolescencia había pasado, pero no, estaba quemando una etapa de enamoramiento que no había vivido antes y fue esa relación la que me hizo constatar que en efecto soy bien lesbiana. Estaba como loca, intranquila, eufórica, pero irónicamente ese estado total madness me hizo reflexionar sobre el valor infinito de la paz mental, me dio una mejor visión de mí misma y lo que realmente quiero para mi vida y se convirtió a la larga en un aprendizaje de esos que no se obtienen por experiencia ajena.


Sueño vs. Pesadilla


Creo que todo pasa por una razón, por eso déjenme aconsejarles a manera de tía pana que aprovechen esas relaciones de amor loco para conocerse mejor, ya que si no resultan (puede que sí, puede que no), igual se llevan su enseñanza a la siguiente relación y a la vida en general. A veces me parece un poco patético estar descubriendo esto a esta edad, pero por eso mismo de que todo pasa por una razón, estoy casi segura que esas enseñanzas no habrían calado en mí de haber llegado temprano en mi vida, cuando también era una adolescente en el sentido cronológico de la palabra. “Muchacho no es gente” es otro dicho que me gusta bastante ahora que tocamos el tema.


Cuando estás en una relación descubres una parte de ti que puede ser muy diferente al resto de tu ser más lógico y dependiendo de qué tipo de persona seas, esto será un sueño completamente delicioso o una vulgar pesadilla, como en mi caso particular. No quiero decir con esto que el acto de enamorarse en sí sea una pesadilla para mí, pero la falta de control que se experimenta durante me causa bastante ansiedad. Y es que verán, yo soy medio controladora, pero eso es algo normal en los capricornianos.


A lo que voy con toda esta habladera de paja es que la mejor herramienta que pueden tener en la vida es conocerse a sí mismas. Es una vaina que no tiene precio pero a la vez te sale caro si no la tienes. Es la base de la vida en sí o por lo menos así lo veo yo, así de clave es para mí.


Cuando se conocen a sí mismas, se hace más fácil saber a dónde vas, qué esperas de las personas y situaciones que se te presentan y a la larga vas construyendo tu vida a tu imagen y semejanza, con lo que te gusta y no tanto de ti, pero como tú que es lo importante.



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